A mis compañeros de sueños


carta de un combatiente del eln prisionero

Siento entrañablemente el recuerdo de ustedes en cada despertar sobre las rejas.


 

El frío de estas paredes se dispersa en la tibieza que se asoma en cada rincón que habitamos.


 

Veo en cada rostro, que aquí se asemeja a la locura y a la in-misericordia, el rostro de un pueblo derrotado, triste, dividido, ensombrecido por la duda, el dolor y el oprobio; el rostro mismo de la razón de nuestro existir, de la causa que abrazamos en una lucha desenfrenada, amiga de la vida y de los sueños del mañana.


 

Cada día monótono, rutinario, repetido, se ha transformado para mí en una esperanza, en un camino, en una razón, en una posibilidad de extasiar a la alegría y derrotar a la mentira.


 

La aridez y la costumbre del encierro no han cristalizado ni una gota de terror y de dolor en mis entrañas, por el contrario, este exilio del trabajo me nutre a diario la necesidad de acrecentar un mañana cargado de compromiso y de futuro.


 

Compañeros, amigos, hermanos con los cuales he recorrido los tormentosos y brillantes senderos de la vida; amigos de juventud, con los que reí, con quienes lancé mis primeras piedras, mis amigos de tinto, de transitar calles y montañas, de canciones deprimentes y alegres; mis amigos de llantos clandestinos, de sonrisas cómplices; con aquellos con quienes nos hicimos viejos antes de sumar años. A mis amigos, a mis compañeros, los de adentro y los de afuera, a todos ellos debo decirles que este sueño, nuestro sueño, nuestra esperanza, nuestra sangre, nuestro aire, nuestra razón de vivir y de morir, bien vale la pena proseguirlo, pues nos ha de permitir lograr la libertad, más allá de las cadenas, los cerrojos y los barrotes que aprisionan nuestros cuerpos.


 

Sigo firme en nuestro anhelo común de romper la agonía que padece nuestro pueblo; firme, inclaudicable, herido pero vivo, entero, enaltecido, limpio e indestructible.


 

Ni las cárceles, ni las bombas, ni el exilio, ni el estrepitoso aparato de guerra del enemigo, ni la muerte misma lograrán amedrentarnos ni apartarnos de la búsqueda insaciable de vida digna y justa para todos.


 

Aunque hayamos recibido muchos golpes y los sigamos recibiendo, aunque muchos caigan en el escepticismo, aunque muchos abandonen esta lucha y traicionen sus conciencias, aunque muchos hayan perdido sus sueños e ideales, a pesar de ello, vamos a seguir hasta la muerte y un poco más allá, cada vez con mayor firmeza y entereza, con mayores ánimos, con más juicio, con mayor cuidado, más disciplina, más entrega, más convicción.


 

Seguiremos adelante porque nuestro compromiso histórico lo reclama, porque el proceso revolucionario no es un camino fácil y porque traicionar nuestros ideales sería algo peor que la muerte misma.


 

Compañeros, amigos, hermanos: bien vale la pena correr todos los riesgos que sean necesarios afrontar; vamos a vencer, derrotaremos la barbarie impuesta desde las altas esferas del poder; vamos a dignificar la existencia humana de las generaciones presentes y futuras.


 

Si para lograr este cometido es necesario dar la vida, gustosos la daremos para hacer que la vida valga la pena vivirse.


 

Con amor revolucionario: un preso político eleno.



Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN)
elndecolombia@yahoo.fr
www.eln-voces.com
www.patrialibre.org

¡De la Resistencia al Poder Popular!
¡Siempre junto al Pueblo!
¡Ni un paso Atrás...Liberación o Muerte!

 

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