Más de una docena de represores cobran ‘pensiones honoríficas’ por un decreto K.
ASTIZ
PODRIA ACOGERSE AL BENEFICIO

El Tigre Acosta, Antonio Pernías, Juan Carlos Rolón y Mario Benjamín Menéndez son algunos de los militares emblemáticos de la represión ilegal que actuaron durante la última dictadura y reciben una gratificación vitalicia por haber estado en Malvinas durante la guerra. Todos se adhirieron al beneficio gracias a que el Gobierno amplió sus condiciones a los dados de baja, sin poner reparos a eventuales antecedentes delictivos.
GABRIELA VULCANO
CON LA VENIA DEL SEÑOR PRESIDENTE.
El Decreto 886/05 firmado por Kirchner permite que militares y miembros de las Fuerzas de Seguridad denunciados por delitos de lesa humanidad reciban un beneficio por Malvinas.
Foto: cedoc perfil
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0188/articulo.php?art=2136&ed=0188
 
Estuvieron en Malvinas durante la guerra. Pero también están acusados de haber cometido delitos de lesa humanidad en la última dictadura militar. Muchos de ellos volvieron a estar bajo la lupa de la Justicia gracias a la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, incluso algunos tendrán que volver a prisión con la reciente anulación de los indultos. Sin embargo, a partir de un decreto presidencial de 2005, todos los meses cobran la pensión honorífica por su desempeño en las Islas.
Juan Carlos Rolón, Antonio Pernías, Mario Benjamín Menéndez, Juan José Lombardo, Ricardo Guillermo Corbetta y Julio César Binotti son algunos de los 18 mil beneficiarios. En mayo de este año, uno de los principales represores de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge “Tigre” Acosta, decidió comenzar a tramitar dicho beneficio.
El beneficio. La lucha de los ex combatientes por obtener un reconocimiento empieza mucho tiempo atrás. El regreso de la Guerra de Malvinas fue con pena y sin gloria, sobre todo para los jóvenes de 18 años que habían tenido que dejar sus hogares para servir a la Patria. Recién en 1990 consiguieron que se les otorgue una pensión vitalicia cuyo monto era igual al haber mínimo de una jubilación. Siete años después, mediante la Ley 24.892, se extendió ese beneficio a los oficiales y suboficiales en situación de “retiro o baja voluntaria”.
A mediados de 2004, luego de varios días de acampe de un grupo de veteranos de Malvinas en la Plaza de Mayo en reclamo de una reparación económica y moral, el presidente Néstor Kirchner firmó el Decreto 1.357 donde, entre otras cosas, triplicó el monto de dichas pensiones y especificó que no podrían cobrar este beneficio quienes hubieran sido “condenados, o resultaren condenados, por violación de los derechos humanos”.
“Cuando nosotros empezamos a cobrar, en los 90, la pensión no era nada. Y en cuanto se triplicó la suma, todos quisieron comenzar a cobrar”, señala Aníbal Grillo, titular del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (CECIM). Pero, sin dudas, la frutilla de la torta la puso el Decreto 886 de 2005. Allí no sólo se ratifica el hecho de que los únicos militares exceptuados de cobrar son aquellos que fueron condenados por haber cometido delitos de lesa humanidad –hasta la fecha ningún militar fue condenado debido a la existencia de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que recién fueron anuladas en 2003, y los que sí, fueron indultados en 1989–, sino que además se amplía el cobro a los integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que se encuentren en situación de baja obligatoria.
Ese mismo decreto estableció que el beneficio pasaba a denominarse Pensiones Honoríficas de Veteranos de la Guerra del Atlántico Sur. Es decir que tanto los soldados que fueron enviados a la guerra como los militares de carrera, muchos de ellos represores, quedaron enmarcados en una misma figura: héroes. “Queremos que se derogue el decreto que incluye a oficiales y a suboficiales. No consideramos justo que estemos en la misma bolsa. Nosotros nos consideramos víctimas y no los responsables. Es un gran error político juntarnos”, se queja Grillo. Y agrega: “La democracia tiene una deuda pendiente. Un gran número de los que hoy son puestos en el banquillo por haber violado los derechos humanos también deberían ser juzgados por haber cometido los mismos vejámenes en la isla”.
Desde 2005, muchos militares que combatieron en el conflicto de Malvinas, que a su vez figuran en el informe del Nunca más y hoy tienen múltiples causas abiertas por robos, secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos de personas, empezaron a gestionar y a cobrar la pensión, que en la actualidad es de $ 1.680.
El ex marino Alfredo Astiz, acusado de la desaparición de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, y de las dos monjas francesas Alice Domout y Leonie Duquet, entre otros crímenes, no tramitó la pensión. No obstante, si lo deseara, estaría en condiciones de solicitarla ya que durante la guerra se desempeñó en el Comando de la Agrupación Naval Antártica y, hasta el momento, sólo fue condenado por la Justicia de Francia y de Italia pero no por la de nuestro país.
Víctimas y victimarios. “Darles la pensión a estos personajes es un hecho de desmemoria”, sentencia Grillo. Si bien un sector de los ex combatientes considera que con el gobierno de Kirchner hubo un avance importante en materia de derechos humanos y en lo que a Malvinas se refiere, no deja de señalar la necesidad de que se empiecen a separar las aguas. Sobre todo, porque en el territorio de combate muchos de ellos fueron víctimas de las mismas prácticas que los militares llevaron adelante en los campos de concentración durante el terrorismo de Estado (ver recuadro).
En ese sentido, Nenina Bouliet, miembro de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, apunta: “Nosotros pensamos que para los soldados que combatieron en Malvinas es justo, pero para quienes violaron los derechos humanos en la isla y en el continente, de ningún modo corresponde que cobren esa pensión”.
La ex diputada nacional y actual titular de la Unidad Ejecutora del Sitio de Memoria del Gobierno porteño, Margarita Jarque, presentó en 2005 un proyecto de derogación del Decreto 886/05, cuestionando que militares denunciados por violación de los derechos humanos puedan percibir dicho beneficio. Algunos de los legisladores que acompañaron esa presentación fueron Claudio Lozano, Patricia Walsh, Laura Musa e incluso otros que hoy son funcionarios del Gobierno nacional: Ariel Basteiro, director de Aerolíneas Argentinas por parte del Estado, y Jorge Rivas, recientemente nombrado vicejefe de Gabinete.
“La lectura que se hace de Malvinas no puede escindirse de la que realiza la dictadura. El hecho de que víctima y victimario estén bajo un mismo decreto de alguna manera significa una especie de olvido. De hecho, muchos de los suicidios de los ex combatientes tienen que ver con lo que sucedió en Malvinas”, explica Jarque.
El Decreto 886/05 también menciona que la Pensión Honorífica es “compatible con cualquier otro beneficio de carácter previsional permanente o de retiro otorgado en jurisdicción nacional, provincial o municipal”. De hecho, varios ex soldados, oficiales y suboficiales están cobrando el subsidio de la Ciudad de Buenos Aires o el de la provincia a la que pertenecen.
Al parecer, una verdadera paradoja: mientras la Justicia embargó a Acosta y a Pernías por 230 y 245 millones respectivamente en el marco de la “megacausa” ESMA, a cargo del juez federal Sergio Torres, el Estado les otorga un beneficio monetario cada mes. Lejos de la política de derechos humanos que viene llevando desde el inicio de su gestión, el gobierno de Kirchner terminó igualando a represores con ex conscriptos que, por cierto, nada tienen que ver con las Fuerzas Armadas ni con los crímenes cometidos por éstas entre 1976 y 1983.

 

Quiénes son los beneficiados

Osvaldo Jorge García
En Malvinas fue comandante del Teatro de Operaciones Sur Comando del V cuerpo de Ejército.
En 1976, fue el jefe del Area 450, por lo tanto se lo considera responsable de los centros clandestinos de detención “COTI Martínez” y del que funcionó en la comisaría de Villa Martelli, en la provincia de Buenos Aires. Entre diciembre de 1977 y diciembre de 1978, fue jefe del Area 480. A partir de diciembre de 1981 fue el máximo responsable de la Zona 5 (en la que se encontraban seis centros clandestinos de detención ubicados en el sur de la provincia de Buenos Aires y las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego).
Fue beneficiado con la Ley de Punto Final.
Actualmente está procesado con prisión preventiva por privación ilegal de la libertad, tormentos y robo agravado en el marco de la causa “Pereyra de Avellaneda, Iris y Floreal Avellaneda”, que forma parte de la megacausa “Riveros, Santiago y otros s/privación ilegal de libertad, homicidios y otros”, en la que se investigan la represión y los hechos ocurridos en Campo de Mayo y en las zonas de San Martín, San Isidro, Vicente López y otras localidades de zona norte.
Cobra la pensión honorífica de Malvinas desde 2006.
Ricardo Guillermo Corbetta
Durante la Guerra de Malvinas se desempeñó como capitán de Corbeta.
En la última dictadura fue oficial del Sector de Operaciones del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, desde fines de 1976 hasta fines de 1978. Intervino en el secuestro de Amalia Larralde. Fue beneficiado con la Ley de Punto Final.
Hoy está procesado con prisión preventiva por los secuestros, desapariciones y torturas cometidas en el centro clandestino de detención de la ESMA.
Cobra la pensión honorífica de Malvinas desde 2005.
Daniel Alejandro Polano
En el conflicto armado contra Inglaterra en 1982 integró el Comando de la III Brigada.
En los ´70 fue miembro del Grupo de Tareas del centro clandestino de detención que funcionaba en Campo de Mayo conocido como El Campito o Los Tordos.
Cobra la pensión honorífica de Malvinas desde 2006.
Hugo Enrique Damario
Durante la Guerra de Malvinas se desempeñó en el destructor A.R.A “Seguí”.
En 1977 y 1978 se desempeñó como teniente de Navío y oficial de Operaciones del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA. En 1978 fue designado funcionario en el área de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores hasta 1979.
En la actualidad está procesado con prisión preventiva por los secuestros, desapariciones y torturas cometidas en el centro clandestino de detención de la ESMA durante la última dictadura militar.
Cobra la pensión honorífica de Malvinas desde 2005.
Juan Carlos Camicha
En la guerra del Atlántico Sur integró el Regimiento de Infantería Mecanizada 7.
Según figura en los registros de la Conadep fue beneficiado por la Ley de Obediencia Debida.
En la actualidad se encuentra procesado con prisión preventiva en la causa “Carrillo, Fausto Augusto y otros s/desaparición forzada”. En abril de 2007, fue denunciado ante la Justicia Penal de Uruguay por la desaparición de dos ciudadanos de ese país en Paraguay.
Cobra la pensión honorífica de Malvinas desde 2005.
Carlos Eduardo Daviou
En Malvinas integró el Comando de Operaciones Navales.
Fue señalado como uno de los pilotos de los “vuelos de la muerte” por el capitán Adolfo Scilingo ante el juez Baltasar Garzón en España, que investiga las desapariciones de españoles en la Argentina.
A comienzos de 2007, España pidió su extradición, ya que en ese país se encuentra procesado por delitos de genocidio, terrorismo y torturas.
Cobra la pensión honorífica de Malvinas desde 2006.
José María Insúa
Fue brigadier mayor durante el conflicto en las Islas Malvinas.
Desde enero de 1979, se desempeñó como jefe del Area 160 (que comprendía el partido de Morón, con excepción de su extremo norte).
Fue beneficiado con la Ley de Punto Final.
Cobra la pensión honorífica de Malvinas desde 2005.

De los centros clandestinos a Malvinas

Torturar en la ESMA y estaquear en Malvinas. Esa fue una práctica común para algunos militares, que se encargaron de llevar a las islas lo que aprendieron en los campos clandestinos de detención durante la última dictadura. Orlando Pascua, uno de los 22 ex combatientes correntinos que denunció apremios ilegales sufridos a manos de sus superiores durante la Guerra de Malvinas, da cuenta de eso: “Como la comida era escasa, un día uno de mis compañeros, Carlos Ferreyra, robó unas galletitas y mermelada en el refugio de Binotti y Cionchi. Cuando lo descubrieron ordenaron estaquearlo. Lo ataron de manos y pies sobre una colina durante todo un día. Y Binotti fue el encargado de asegurarse que él estuviera bien estaqueado”. El militar del que Pascua habla no es otro que Julio César Binotti, acusado de haber estado a cargo de la logística y los secuestros de la ESMA.
En 2005, el mismo año que se estrenó Iluminados por el fuego –el film que contó la otra cara de la guerra–, algunos ex soldados empezaron a romper el muro de silencio. Las torturas, estaqueos y asesinatos que sufrieron 25 años atrás salieron a la luz..
La denuncia fue presentada por la Secretaría de Derechos Humanos de Corrientes ante la jueza federal de 1ª Instancia de Río Grande Liliam Herráez, quien en agosto irá a tomarles declaración a los 22 ex conscriptos.
No sólo se escucharán los 22 testimonios sino también de otros ex combatientes de Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe. Se calcula que habrá 15 denuncias más, entre las que figuraría la de un suboficial. “Hasta ahora no había decisión institucional ni consenso social para oír lo que les había sucedido a los ex soldados”, señala el subsecretario de Derechos Humanos de Corrientes, Pablo Vassel. Y agrega: “Lo que sucedió en Malvinas fue propio de un Ejército que funcionaba como gendarme interno. Trataron de la misma manera a los ex combatientes que al resto de los argentinos”.
A pesar de no haber tenido denuncias por violación a los derechos humanos en el continente, Jorge Taranto, ex conductor del programa radial Malvinas, la verdadera historia, fue denunciado por haberle practicado “submarino” a uno de los ex soldados correntinos. Juan de la Cruz Martins recuerda: “Ese día no podía hacer guardia, le pedí a un compañero que me reemplazara. En un momento entró a la carpa el subteniente Taranto y me preguntó por qué no estaba en mi puesto. Le dije que no podía hacer guardia. Me agarró la cabeza y me la sumergió debajo de agua fría. Sacó el revólver y me dijo que tenía que hacer guardia.
Me dejó 48 horas sin comer”.
En medio de tanto horror, la solidaridad se transformó en la salvación:
“Un compañero me trajo comida y gracias a él puedo contar lo que me pasó”.

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