Después de la tormenta, el diluvio


Varias son las voces autorizadas del sistema que han llamado a refundar el capitalismo. El diagnóstico de dichos portavoces es que el capitalismo padece una crisis ética tras cometer una serie de pecados que le llevarían a pasar por un purgatorio en forma de recesión y de reordenación del sistema financiero. A esos señores hipócritas habrá que recordarles que ellos forman parte de la clase política y económica responsable de la actual crisis. Sin embargo, sí les daremos la razón en una cosa: la crisis capitalista es ética, en efecto; derivada de la contradicción sistémica del “carácter social de la producción y su apropiación privada”.

¿Dónde están arrojados los beneficios privados del pasado ciclo expansivo?: ¡Qué suelten la pasta!

Mientras que los gobiernos se fijan en la importancia de proteger al sistema bancario de las tasas de morosidad y el retiro masivo de depósitos, la izquierda debe preguntarse donde está la gigantesca parte de los beneficios del boom inmobiliario que ha ido a parar a fortunas personales. Si viviéramos en un Estado de derecho democrático, éste tendría que iniciar ‘de oficio’ una investigación criminal contra los que han llevado al país al empobrecimiento generalizado, un crimen contra la Humanidad. Sabemos que la impunidad de los capitalistas y los responsables políticos está presente a través del derecho a la propiedad privada, consagrada en la actual constitución. ¿No tendría más sentido que pagaran la crisis quienes se han beneficiado de las prácticas que han llevado a la misma? ¿No son esos cientos de miles de millones de euros de beneficios acumulados en los últimos 10 años, de bancas e inmobiliarias, los que ahora hacen falta para reparar el destrozo? ¿Por qué se debe hipotecar dinero público futuro de tod@s en salvar a aquellos que nos han llevado a la actual crisis? ¿Por qué es la clase trabajadora la que va a tener que pagar los platos rotos mientras otros comen en platos de oro en paraísos fiscales? ¿Por qué todas las medidas de alivio a los parados hipotecados subyace un apoyo indirecto a la banca contra sus agujeros de morosidad en su activo?. La única respuesta posible es que vivimos en un gran circo llamado capitalismo.

La destrucción de riqueza y empleo que está generando el “próspero” capitalismo

Apuntarse los tantos positivos y ninguno de los negativos, es una de las típicas trampas de los apologistas del capitalismo. La dinámica explotadora del capital contra la clase obrera actúa en todas las fases cíclicas consustanciales al capitalismo, ya sea a través de la explotación en el puesto de trabajo, el consumo o las hipotecas; pero es en los ciclos recesivos cuando el empobrecimiento relativo se convierte en absoluto, agravándose el sufrimiento social, con el aumento generalizado del paro y la carestía, dejando un rastro de terror en millones de vidas desposeídas. En definitiva, el capitalismo es un sistema de crisis permanente para la clase trabajadora, siempre ineficiente para nuestros intereses y muchas veces criminal (crisis alimentaria, guerras imperialistas,…).
Un ejemplo elocuente de lo “democrático” y “humano” que es este sistema es el equilibrio en el mercado de la vivienda. No se puede entender que la demanda de pisos por motivo especulación tenga la misma prioridad que la demanda de primera vivienda, tampoco se entiende que una oferta de vivienda disponible para vivir no llegue a un demandante porque su propietario no la lance al mercado o porque establezca precios prohibitivos. La constitución nos otorga el derecho a una vivienda digna, un derecho que no se satisface sin el deber de pagar a precios de especulación. ¿Cómo es posible que con un stock de viviendas vacías de 3 millones, pueda haber currantes que no puedan pagar “su independencia” o que se ahoguen en interminables hipotecas basadas en precios que serían absurdos si no fuera por la descarada lógica explotadora del capitalismo?.
Como éste ejemplo hay muchos que nos afectan a la vida cotidiana. No se puede entender que con el volumen de beneficios del ciclo precedente y los adelantos técnicos, se tenga que alargar la jornada laboral (directiva de las 65 horas) y la intensidad de la explotación, trasladando la competencia entre capitales al mercado laboral. Esto sólo es posible en un sistema como el capitalismo, donde en su madurez se agrava su decadencia, empobreciendo radicalmente las condiciones de vida de la clase trabajadora, como así lo demuestra éstos últimos 10 años de deterioro de los salarios reales.
Las épocas de crisis ayudan a romper viejos fetiches como que los empresarios son generosos creadores de empleo, cuando son las necesidades de producción y el enriquecimiento personal, los motores de la creación de empleo... y también, de su destrucción.

Riesgo sistémico vs riesgo moral. La falacia del neoliberalismo.

“Demasiado grandes para caer”, han dicho los bancos centrales para intervenir las quiebras bancarias. Consideraron que la sana “destrucción creativa” que el dios mercado establece como mecanismo darwinista para acabar con lo “ineficiente”, en este caso: “no tocaba”. Han llegado a reconocer que prefieren premiar al ineficiente (riesgo moral) antes de que se hunda el poder capitalista (riesgo sistémico).
El Estado se ha quitado la careta: ante un posible colapso del sistema, él es el garante del orden económico porque la base material de su poder se basa en su comunidad de intereses con la oligarquía. Muy elocuente al respecto es que el propio Zapatero presuma de contar con Botín entre sus asesores cotidianos.
La irresponsabilidad de la iniciativa empresarial privada y el paternalismo del Estado, no sólo ponen en cuestión la supuesta eficacia productiva capitalista, sino que pone en evidencia a la sociedad democrática burguesa por basarse en una farsa, la ley es tanto igual para ricos como para pobres: a los dos se les prohibe por igual dormir bajo un puente. Y es que la ley del Estado en una sociedad capitalista es la ley del rico, la que garantiza su protección en última instancia, como así han demostrado los planes anticrisis.
Una de las moralejas que nos deja ésta crisis es que la política “no intervención” (neoliberal-autorregulación) en los mercados es un fetiche ideológico. Todos multimillonarios planes anticrisis, incluidas nacionalizaciones, ponen sobre el tapete la farsa del neoliberalismo, y no ya como le gustaría a los socialdemócratas, por una supuesta victoria del keynesianismo (que es otro instrumento del capital cuando no coincide alta inflación con alto desempleo) sino por el objetivo político claro que tenía: la dominación ideológica de la izquierda, la clase obrera y los países oprimidos (Consenso de Washington). La desregularización neoliberal no es otra cosa que puro intervensionismo que se plasma en leyes, con el “pequeño matiz” que se hace a favor del capital y el imperialismo, y en contra de los trabajadores y los pueblos. Misma sustancia con diferente forma. Por ello mismo, la larga noche del neoliberalismo no ha terminado, persistirá con pleno esplendor en el mercado de trabajo y las privatizaciones de servicios públicos, que están en la agenda del PP y del PSOE, mientras que el Gobierno del Estado reorganizará los monopolios financieros, dejará funcionar a los estabilizadores automáticos como el seguro de paro y la reducción de ingresos fiscales, e incurrirá en alto déficit fiscal, porque no se produce el fenómeno crowding out financiero por el exceso de demanda de deuda pública ante la volatilidad de otros productos de inversión. ¿Contradicción entre una forma de intervensionismo u otra? No, porque todo es compatible y complementario mientras que se haga “instrumentalmente” a favor del capital.

Si los bancos no se fían entre sí, ¿nos vamos a fiar de ellos?

Hablan de “crisis de confianza” porqué los propios actores capitalistas no se fían entre sí. No se prestan en el mercado interbancario porque no tienen seguridad de recuperarlo. Lo más grave es que tampoco quieren conceder créditos a las empresas que trabajan en la economía real, lo que genera destrucción de capital y puestos de trabajo. ¿Tiene derecho la banca privada a condicionar el desenvolvimiento económico de un país? La banca privada participa en la estructura financiera de todas las empresas del país ya sea a través de recursos ajenos o recursos propios. ¿No es inmoral que un criterio de rentabilidad privada gestione el aparato financiero de todo un país? ¿Puede la banca privada jugar con la comida de los que madrugan todos los días para generar la riqueza del país? ¿Por qué pueden las grandes empresas, tras años de bonanza, aprobar Expedientes de Regulación de Empleo por verse reducir su rentabilidad pero no su solvencia?
No se puede tolerar lo que tolera el actual régimen constitucional heredero del franquismo. Los mismos que nos han puesto al borde del abismo no pueden ser quienes lo vayan a solucionar. No tienen ningún derecho a que dirijan nuestras vidas; ni a que enloquecidos sistemas de creación de dinero bancario nos lleven a la ruina. Hace falta una banca pública socialista y para ello no nos debemos conformar con una nacionalización, sino que debe estar sujeta al control político del poder popular. De ningún modo se trata de una utopía; el propio Estado burgués a pequeña escala está ampliando a través del ICO, un sistema de crédito público, en paralelo a la banca privada por su ineficiencia. El descrédito de los que no dan crédito a las inversiones productivas constituye una razón más para apostar por la construcción del socialismo.

La izquierda debe recuperar a Marx y contraponer socialismo a capitalismo

La actual crisis de sobreproducción de capital, o de insuficiente valorización del capital, ha nacido de la década de crédito de bajo coste financiero (bajos tipos de interés), una política dirigida por los bancos centrales y el tandém de las inmobiliarias y la banca. Fueron tiempos: de mucha liquidez -el ladrillo era más rentable que la bolsa-, de masivo endeudamiento tanto de familias (80% del PIB) como empresas (“financiarización de la economía”) y de captación de recursos, por parte de los bancos, ofertando capital ficticio a través de productos de ingeniería financiera. Con el incremento de los tipos de interés a partir de 2005 el BCE pretendía un aterrizaje suave del sector inmobiliario, así como enfriar los riesgos inflacionarios, finalmente lo que consiguió fue acelerar las condiciones para entrar en ciclo recesivo, multiplicándose las quiebras por el exceso de endeudamiento de multitud de empresas y familias.
Actualmente la crisis sale a la superficie con una sobreproducción generalizada de mercancías lo que impide parte de la realización de la plusvalía, agravando la crisis (con más paro y menos salario, menos consumo). Se trata de una crisis que nace de las relaciones de producción capitalistas, de una caída de la tasa de ganancia, y no sólo de cuatro locos especuladores adictos a las subprime como nos intentan vender.
Por parte del gobierno español, se ha asegurado que estamos poco expuestos a la crisis internacional; afirmación que contrasta con la situación del ajuste inmobiliario (más radical que en otros países), en plena destrucción de capital y empleo. Asimismo un 10% de déficit por cuenta corriente nos demuestra lo conectados que estamos del sistema financiero internacional a través del mercado de crédito mayorista mundial que hasta ahora la banca española había accedido con facilidad gracias al euro. Los primeros en caer, tanto inmobiliarias como bancos, han sido los que han abusado de operaciones muy apalancadas en plazos muy cortos. En el caso español, las inmobiliarias presentan ese perfil; tal es así que todas las semanas hay concursos de acreedores de las principales compañías inmobiliarias. Los bancos, en cambio, han resistido el primer embiste pero nadie, ni tan siquiera dirigentes del sistema, están dispuestos a poner la mano en el fuego de la capacidad de resistencia al colapso de la banca española, ni tan siquiera por las tan cacareadas provisiones anticíclicas que, a la sazón, el propio gobernador del Banco de España, MAFO, quiso cargárselas hasta hace bien poco.
Las medidas del gobierno ZP, en primer lugar, son inmorales por atender primero al verdugo y no a sus víctimas. En segundo lugar, a pesar de ser multimillonarias probablemente no tengan ninguna eficacia contra la crisis de restricción del crédito, dado que para aumentar la liquidez del sistema en términos netos necesariamente deben ser fondos soberanos o de inversión extranjeros los que se tengan que hacer con la nueva deuda pública emitida. Por ello el ministro Sebastián y el Rey Juan Carlos mueven agendas y viajan por el mundo para vender activos españoles, con especial énfasis en deuda del Tesoro y propiedades inmobiliarias. En cuento a las garantías de préstamos interbancarios o de los depósitos son más un brindis al sol que una política económica concreta dado que en caso de crisis generalizada no podría hacer frente a todo ese monto monetario.
La caída de la inflación ha revelado que no son los salarios los que tiran de la inflación, como criminalmente han declarado siempre los presidentes de bancos centrales y las patronales, sino que sus elementos determinantes fueron la burbuja especulativa del petróleo, otras materias primas y la vivienda. El futuro para la economía capitalista no es nada halagüeño. Del mismo modo que actuó un efecto riqueza positivo a través de la fe en la subida permanente del precio de la vivienda, cuando éste ha comenzado a bajar se ha generado un efecto riqueza negativo, aumentándose el coste financiero relativo respecto al precio de mercado actual de la vivienda, lo que hace variar las pautas de consumo y ahorro. La caída de la inflación sin aparejar un aumento de la demanda, significa que se posponen las decisiones de consumo e inversión, decisiones que si fueran acompañadas de una retirada de depósitos nos podríamos encontrar en un escenario de deflación (caída generalizada de los precios), lo que griparía completamente el motor económico e inutilizaría la política monetaria. Sin duda, nos encontramos en la antesala de una depresión con previsibles tasas de paro de más de un 20%.

Un programa de resistencia en los barrios y en los puestos de trabajo

Ha llegado el momento de decir ¡basta!. Basta de rentas ociosas en forma de dividendos o del alquiler del suelo, que lastra la producción y distorsiona una distribución justa de la renta en función del trabajo y las necesidades. Los comunistas debemos tener la convicción que no necesitamos capitalistas; queremos que la propiedad de los medios de producción pasen a manos de la clase trabajadora y sea ésta quien dirija la iniciativa empresarial.
Para ello debemos construir un sistema donde se ponga fin a la explotación; donde la emancipación para los trabajadores se haga posible: el socialismo. Debemos levantar un fuerte movimiento popular, en una larga marcha pero posible, que reclame para sí mismo el poder político y económico que la burguesía actualmente ostenta.
La conciencia social está cambiando vertiginosamente; los nuevos análisis quedan viejos en pocas semanas. Lo que antes era radical, hoy son opiniones cotidianas del día a día. El pacifismo se diluye como elemento superestructural y se abre paso un nuevo ciclo histórico de lucha de clases. Por ello, cobra capital importancia la batalla en la orientación ideológica contra los actualmente desconcertados intelectuales capitalistas; pero debe ganarse en la lucha y no fuera de ella. La izquierda tendría que nuclearse en torno a un programa de resistencia, tan radical como muchas de las cosas que se oyen por la calle: NO SE PAGA MÁS HIPOTECA PORQUE YA SE HA PAGADO SUFICIENTE. Así con todos los gastos que consideremos que no merecemos pagar. La desobediencia colectiva y organizada se debe generalizar con todo tipo de actos que nos ayuden a expropiar a los expropiadores.
Hace falta llamar a la autoorganización popular para luchar por una República Popular que se lleve por delante a toda la clase política y económica que nos ha llevado a esta situación. También extender la necesidad de coordinarnos entre los colectivos políticos y sociales para organizar, desde ya, acciones de protesta contra los planes del Gobierno y la patronal.
Ninguna familia en quiebra, sin casa y sin trabajo. No a la privatización de los servicios públicos. Contra el racismo y por la unidad de la clase obrera. Basta de impunidad capitalista, que la crisis la paguen los ricos. Ni un duro de fondos públicos a los verdugos. Por una huelga general contra los planes del gobierno.

Articulo de Pablo G. V
Iniciativa Comunista de España

Lunes 24 de noviembre de 2008

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