La insurgencia europrecaria

Franco Berardi “Bifo”- 25-03-2006

 Traducción: Emilio Sadier. Buenos Aires, Argentina. Marzo 2006

Un nuevo ciclo europeo

La lucha de los precarios cognitivos franceses puede ser el inicio de un nuevo ciclo político y cultural en Europa. Han ocupado las escuelas con la conciencia de ser al mismo tiempo estudiantes, trabajadores cognitivos y precarios del ciclo fluido del capital recombinante. Y esto representa un hecho nuevo, que no se había jamás manifestado, con esta claridad, en las luchas estudiantiles precedentes.

Que quede bien claro: los precarios cognitivos franceses colocan una cuestión que es directamente europea, aún si es verdad, como dice Villepine, que el CPE es mucho mejor que los reglamentos esclavistas que gobiernan otros países, Italia el primero de ellos. La ley Biagi y el paquete Treu son cien veces peores que el CPE que los estudiantes franceses están combatiendo.

Por esto es claro que si aquellos vencen la cuestión se pondrá inmediatamente en cada uno de los otros países europeos.

Si los estudiantes franceses consiguen golpear el CPE esto no significará por cierto que hayan derrotado la precariedad, querrá decir solamente que habrán rechazado la formalización jurídica de la precarización. Y por lo tanto habrán abierto una fase nueva en la historia social europea. Una fase de lucha y de invención social que más allá del esclavismo liberal permita formular nuevas reglas, nuevos criterios de regulación de la relación trabajo-capital.

 

Corazón negro

La precariedad no es un elemento particular de la relación productiva sino el corazón negro del proceso de producción capitalista en la esfera de la red global en la que circula un flujo continuo de info-trabajo fractalizado y recombinante. La precariedad es el elemento transformador de todo el ciclo de producción. Nadie queda a salvo. El salario de los trabajadores temporarios es golpeado, reducido, usurpado, la vida de todos es amenazada por la precarización.

El info-trabajo digitalizado puede ser fragmentado en forma fractal al punto de ser recombinado en una sede separada de aquella en que el trabajo es dispuesto.

Desde el punto de vista de la valorización del capital el flujo es continuo, pero desde el punto de vista de la existencia y del tiempo vivido por los trabajadores cognitivos la prestación de trabajo tiene carácter de fragmentariedad recombinable en forma celular. Células pulsantes de trabajo se encienden y se apagan en el gran cuadro de control de la producción global.

El info-trabajo es precarizado no por una maldad contingente de los patrones sino por la simple razón de que la disposición de tiempo puede ser desligada de la persona física y jurídica del trabajador, océano de células valorizantes convocadas celular y recombinantemente por la subjetividad del capital.

 

Renta de existencia o esclavitud

Por esto es preciso reconceptualizar la relación entre capital recombinante y trabajo cognitivo, y es necesario dotarse de un nuevo esquema de referencia. Dado que se ha vuelto imposible una contratación del costo del trabajo fundada sobre la persona jurídica, dado que la prestación de tiempo productivo abstracto es desligada de la persona individual del trabajador, la forma tradicional del salario está fuera de carrera, no garantiza más nada. Tan es así que la retribución del trabajo dependiente tiende constantemente a disminuir y tienden a reconstituirse todas las condiciones del trabajo esclavo.

Es cierto que aumentan los puestos de trabajo, pero disminuye el monto salarial global.

Pero la desocupación es mucho mejor que la esclavitud. Y esto lo han entendido los rebeldes del marzo francés, que rechazan el chantaje patronal: si querés trabajo aceptá la esclavitud.

La lucha de los precarios franceses pone a la orden del día el problema del salario como problema político global, y reclama a grandes voces una nueva forma: la renta de existencia desligada del trabajo.

La renta de existencia ya no puede ser más considerada una consigna extremista. Es la única posibilidad de huir de la constitución de un régimen esclavista generalizado de la relación del trabajo.

Naturalmente no será jamás posible hablar de renta de existencia mientras los criterios del gobierno de la sociedad permanezcan vinculados al esquema conceptual de la economía de crecimiento, es decir al predominio de la acumulación respecto de los intereses sociales. Los vínculos del crecimiento y de la competitividad que se difunden como leyes naturales del pensamiento dogmático liberal (y aceptados como tales por la izquierda incapaz de pensamiento autónomo no dogmático) son en realidad reglas estables en base a una relación de fuerzas que las tecnologías digitales han desbalanceado a favor del capital a través de la desterritorialización del trabajo.

 

Las reglas y la fuerza

Las reglas no son inmutables, y no existe ninguna regla que imponga respetar las reglas.

Esto es algo que la izquierda legalista nunca ha entendido. Firme a la idea de que es necesario respetar las reglas, no ha sabido sostener la confrontación sobre el nuevo terreno inaugurado por las tecnologías digitales y por la globalización del ciclo del info-trabajo.

La derecha, por el contrario, lo ha entendido perfectamente bien y ha subvertido las reglas que habían sido establecidas en un siglo de historia sindical.

En el modo de producción industrial clásico, la regla se fundaba en una relación rígida entre el trabajo y el capital, y sobre la posibilidad de determinar el valor de una mercancía en base al tiempo de trabajo socialmente necesario. Pero en la forma recombinante del capital, basado en la explotación del info-trabajo fluido, no existe más ninguna relación determinista entre tiempo de trabajo y valor.

No debemos restaurar las reglas que la derecha ha violado, debemos inventar reglas nuevas adecuadas a la forma fluida de la relación trabajo-capital, que no conoce más ningún determinismo cuantitativo tiempo-valor, y por lo tanto no conoce más ninguna constante necesaria en las relaciones entre medidas económicas.

 

Insurrección cultural en Europa

Luego de las elecciones en Italia deberá abrirse un proceso de insurrección cultural generalizada con la forma precarizada de la existencia. Echar a la derecha servirá solo para quitar el instrumento del poder político de manos de gente peligrosa, pero la batalla empezará después, y debemos conseguir ubicarla bajo el signo de la renta de existencia desligada del proceso fluido de prestación celular recombinante.

La lucha de los estudiantes franceses puede tener un efecto de relanzamiento del proceso europeo. El NO francés al referéndum sobre la carta constitucional europea estaba motivado esencialmente por el rechazo de la precarización y de devaluación del salario.

Hoy vemos la cara propositiva de aquel NO.

El proceso europeo no puede estar gobernado por los intereses del capital, tanto sea éste proteccionista o globalizador. Sólo el trabajo, en su proceso de recomposición social, puede funcionar como fuente del derecho y de la cultura europea.

Esta es otra de las lecciones del marzo francés.