El Granma sigue navegando.


Sin equivocar el rumbo

El yate conservado en el capitalino Museo de la Revolución hace tiempo dejó de ser solamente el pequeño barco que adquirieron sus expedicionarios medio siglo atrás para volver a Cuba desde México, a cumplir la promesa de ser libres o mártires en nombre del pueblo y de la Patria oprimida por la dictadura.
El Granma es ese y también el que sigue travesía por la historia que no comenzó, como sabemos, con la salida clandestina de Fidel Castro y sus compañeros desde el puerto de Tuxpan una noche de fines de noviembre de 1956, sino desde antes, incluso mucho antes del 10 de octubre de 1868, cuando Céspedes y otros patriotas iniciaron la Guerra de los Diez Años.
De sangre de indios que lucharon en total desventaja contra la invasión de los conquistadores españoles, y de negros esclavos que se sublevaron ante la opresión de sus amos cuando Cuba aún no tenía plena conciencia de nueva nación, está hecha también la Revolución, puede afirmarse una vez más con propiedad.
La estela del Granma y sus expedicionarios es más larga de lo que pudiera pensarse y hoy son muchos más que los 82 que desembarcaron en Las Coloradas el 2 de diciembre de 1956.
Con la llegada de aquellos nuevos mambises a las costas del sur de Oriente, después de azaroso viaje, comenzó en firme la heroica y difícil etapa final de lucha independentista —anticolonialista primero y antiimperialista después—, que culminara su etapa insurreccional con el triunfo revolucionario el 1ro. de enero de 1959.
De entonces a hoy tampoco ha sido fácil. Incluso, ha resultado por momentos más difícil, en medio de continuas agresiones siempre originadas o instigadas por el imperio vecino, entre estas el bloqueo económico, comercial y financiero, como la más sostenida y criminal.
Por si fueran pocos los escollos y las pruebas para la capacidad de la Revolución de resistir y vencer, sobrevinieron entre fines de los 80 y principios de los 90 del siglo anterior la desaparición del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la Unión Soviética; se estableció, a partir de ahí, la unipolaridad del mundo, con Estados Unidos y sus aliados a la cabeza, y se entronizó hasta los tuétanos del planeta —-la “casa común” de más de seis mil millones de seres humanos— el neoliberalismo, asociado a la filosofía imperialista de “guerras preventivas” so pretexto de falsos argumentos, como la cruzada internacional contra el terrorismo.
Ante el tremendo impacto de la debacle de aquel socialismo, Cuba resistió, sobrevivió y sobrevive. Y no ha dejado de avanzar, aun en el peor momento. Las conquistas fundamentales de la Revolución socialista las mantenemos y continuamos incrementándolas, pese a todas las fuerzas en contra, incluyendo la de nuestros propios errores que justo y conveniente es reconocerlos —como los ha reconocido siempre la dirección revolucionaria—, pues como toda obra humana la nuestra tampoco es perfecta y mejorarla exige, permanentemente, la crítica y la autocrítica.
También gracias a eso, no obstante las tormentas, el Granma no detiene su marcha, ni siquiera frente a huracanes como nunca antes se vieron, capaces de la mayor devastación justo cuando se realizan nuevos esfuerzos de recuperación y desarrollo del país. No equivoca el rumbo, por compleja que sea la situación internacional, hoy signada por la nueva gran crisis, los cada vez más caros precios de los alimentos, el petróleo, los equipos industriales y otros, y las tecnologías más avanzadas, también casi inaccesibles para los países más pobres o de escasos recursos.
Conducido con mano segura e inteligencia suficiente como para no naufragar en mares tan adversos; favorecido, a no dudarlo, por los cambios que acontecen hoy en América Latina y por la recomposición de la geopolítica mundial, gracias a la influencia de países como China y Rusia, el Granma —Cuba, los cubanos, la Revolución, el socialismo acorde con nuestras características y condiciones— no se detiene. No se detendrá.
Fue esa la decisión firme de Fidel, Raúl Castro, Camilo, el Che, Juan Almeida, Ramiro Valdés…, de todos los que vinieron en aquel pequeño yate con el sueño de la libertad como principal pertrecho de guerra. Fue esa la decisión, cuando el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes: Avanzar, siempre, en pos de toda la justicia que solo el socialismo, perfeccionándolo cada día, es capaz de conquistar, aunque sus enemigos intenten en vano demostrar lo contrario, recurriendo para ello, por falta de argumentos, a la mentira, la tergiversación y el engaño.
Atrás, como decía la frase popular a principios de la Revolución, y vale repetir ahora, ni para coger impulso. Siempre adelante. Esa es la determinación de Cuba, con la mano firme en el timón, la vista en el horizonte y la idea del rumbo clara.

Redaccion Bohemia

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