Los izquierdistas “no kirchneristas” que “se nublaron”

ante la muerte de Néstor Carlos

Al difundir masivamente el excelente texto de Gustavo Robles, recibimos elogios y apoyo al mismo. Pero también, casi en partes iguales, nuestro buzón de entrada fue objeto de diatribas e insultos (mínimo, “gorilas rojos”).

Como un aporte más elevado al debate político, recibimos también otros textos de personalidades que no forman parte de la militancia orgánica del Frente para la Victoria (Fontova, Mempo Giardinelli), pero sí del espectro de la “izquierda progresista no gorila”. También hemos leído algunas novedades en el pensamiento de la llamada izquierda revolucionaria. 

En todos estos casos asistimos a una absolutización apologética del papel del individuo (en este caso, el muerto Kirchner) en la historia reciente de la Argentina.

El método (empírico e instintivo) que usan estos izquierdistas para sumarse al coro del kirchnerismo auténtico, es bien simple:

1)      Enumerar cual listado de logros las “medidas positivas” del ex Presidente y de su compañera sucesora, sin profundizar concretamente acerca de cada medida.

2)    No enumerar el listado de las “medidas negativas”, reemplazándolo con el eufemismo de “mis divergencias con el Gobierno” y con la rotunda advertencia. “¡ojo, que yo no soy kirchnerista ni nunca lo voté!

3)    No dar contexto a dichas medidas. Se omite decir que, producto de las propias leyes del mercado, toda América Latina (así como otros países llamados emergentes, como China, India o Rusia) tuvieron un desarrollo de las fuerzas productivas excepcional, que se hubiera dado de cualquier manera, con cualquier gobierno burgués, como lo demuestra el carácter antitético al populismo que campea en Chile, Colombia o Perú. Lo que varía (¡y lo que está en disputa!) es qué fracción de la burguesía nacional, con qué relación con el Imperialismo, capitaliza ese crecimiento económico.

4)    Se omite decir también que los ajustes de gobierno para superar (en términos capitalistas) la crisis del 2001 (que tuvo en la devaluación del peso su piedra angular),  no fueron trabajo de Kirchner, sino de Duhalde y de Lavagna.

5) Estas omisiones son decisivas, ya que se parcela el balance de un gobierno, evitando una mirada holística del mismo. Se evita definir lo que, desde el ángulo del marxismo, es lo esencial (su carácter de clase) para perderse en una serie de supuestos logros. Como bien dice la Liga Comunista de los Trabajadores (ver “La Hoja obrera” Nº 17): “Antes que nada, es necesario aclarar una vez más que el peronismo, en todas sus variantes -como la UCR, el ARI, el PRO, el Proyecto Sur, etc.-, es un partido o movimiento político patronal, que defiende al capitalismo como sistema, por eso mismo gobierna para los intereses de los empresarios. La diferencia con los otros partidos patronales está en qué sector burgués priorice cada uno y en qué sector social se apoyen para tener respaldo político. En este sentido el peronismo, como quiere ser apoyado en las elecciones por las masas populares, generalmente tiene un costado más popular que los otros, pero es sólo a los efectos de ganar su apoyo electoral y gobernar para los intereses de los empresarios, entre los cuales se encuentran la gran mayoría de sus dirigentes: son patrones.”

6)    Es que si relacionamos el fenomenal desarrollo de las fuerzas productivas acaecido en la Argentina en los últimos años, con los salarios, la precarización laboral, la desocupación, la educación, la salud, la vivienda, los transportes, etc., tendremos que concluir que estamos ante GOBIERNOS MISERABLES en cuanto a su intervencionismo estatal, para que haya algún “derrame” de la fenomenal riqueza acumulada. Y pluralizamos, porque no nos referimos sólo a los K, sino también a aquellas provincias o municipios gobernados por la oposición burguesa (Macri en Capital, Das Neves en Chubut, Rodríguez Saa en San Luis, Binner en Santa Fe, y los radicales en otras provincias). Por eso es una falacia atacar nuestra postura de independencia política con el argumento de que “le hacemos el juego a la derecha”.

  7)Nuestros izquierdistas (y en este ítem tenemos de todo: filo kirchneristas, marxistas, leninistas, guevaristas, y hasta trotskystas), se vieron conmovidos por la gran movilización popular que generaron las exequias, especialmente por parte de la juventud. Siendo completamente cierto que el desfile ante el cajón del ex Presidente (¡transformado en prócer!) fue genuino y masivo, y no producto solamente del aparato, tal hecho no acredita progresividad alguna, sino más bien una adhesión pasiva rayana en la pleitesía, que nos dá una medida de la situación del movimiento de masas en la actual situación política.  Haciendo memoria, me viene el recuerdo de la muerte de José Stalin, también de un infarto de miocardio, en la década del 50: sus funerales fueron imponentes EN TODO EL MUNDO (también en la Argentina), porque la burocracia reaccionaria enterradora de la revolución de octubre ya había logrado entronizar “LAS MEDIDAS POSITIVAS” (especialmente la victoria contra el nazismo en la 2ª Guerra mundial), obturando completamente la posibilidad de pensar desde una mirada integral el carácter esencialmente contrarrevolucionario del stalinismo, encarnado en su propio Jefe muerto.
8) Finalmente, debiera pensarse que la muerte es un recurso a considerar por el viviente, de allí su ambigüedad. Pero ella es concreta y no respeta agenda, ni es hipócrita (también estas son consideraciones subjetivas de la naturaleza viva).  La biología de la muerte es tomada por el viviente de manera que nos pinta de cuerpo entero: esto es el duelo, el ceremonial, etc. Ahora bien: ¿qué pasa cuando el muerto se transforma en vía de acceso? Si aguzamos la atención, tenemos que analizar que allí se cambió el foco: el muerto ya no es el muerto sino la escena del viviente. Esto puede traducirse en lo que nos decían nuestras abuelas de niños "tenele miedo a los vivos, no a los muertos".  Kirchner se transformó en vía de acceso para una propaganda política del Gobierno, para ubicar al lider, al prócer, ante la crisis de referente-guía, de dirección, que es la real muerte en vida.

Fernando Armas

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