Investigación exclusiva de Jorge Lanata 


Encontraron una bolsa con U$S 241.000 en el baño privado de Miceli en el  Ministerio de Economí­a. Fue hallada por una Brigada de Explosivos de la Policí­a Federal, en su  habitual requisa. Labraron un acta, pero desapareció misteriosamente. 


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Una misteriosa bolsa que contení­a 241.000 dólares fue hallada en el baño privado del despacho de la ministra de Economí­a, Felisa Miceli, el  pasado martes 5 de junio. El inquietante hallazgo se produjo poco después de las 6 de la mañana, durante la habitual requisa de la Brigada de Explosivos del Cuerpo de Bomberos de la Policía Federal. Cuando los efectivos revisaron el lavabo del baño privado de la ministra -al que sólo accede ella o personas de su í­ntima confianza- encontraron una bolsa de plástico llena de billetes: exactamente contení­a 140.000 dólares, 50.000 euros y 100.000 pesos. 

 

La Policí­a labra un acta, pero el acta en cuestión ha desaparecido misteriosamente de la Brigada. La secretaria de la ministra había ordenado a los gritos a otra secretaria que no debía quedar rastro  alguno del hallazgo. 

 

El arquitecto Rubén Pierro, director técnico operativo del Ministerio, supo del hallazgo y también se preocupó por la existencia de copias del  acta policial Miguel Lezcano, el ordenanza del ministerio que fue testigo del hallazgo,  se negó a hablar con Perfil sobre el tema. "Yo trabajo  acá hace 33 años", dijo. "Soy ciego, sordo y mudo. Gracias. Me voy". 


 

 

 

24.06.2007 | 14:33

 

La bolsa fue encontrada en el baño privado de la ministra, al que sólo accede ella o personas de su íntima confianza

La bolsa fue encontrada en el baño privado de la ministra, al que sólo accede ella o personas de su íntima confianza

 

 

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http://www.perfil.com/contenidos/2007/06/24/noticia_0017.html#sigue

 

Jorge Lanata
 
La mujer de la bolsa
“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios. Cuando lo manda el destino no lo cambia ni el más bravo, si naciste pa’ martillo del cielo te caen los clavos. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios.”
Jorge Lanata
 
2007-06-24 02:05:06
 
 
Jorge Lanata
   

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios.

Cuando lo manda el destino no lo cambia ni el más bravo,

si naciste pa’ martillo del cielo te caen los clavos.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios.”

 

De la canción Pedro Navaja, de Rubén Blades.

 

 

 

El pasado martes 5 de junio, poco después de las seis de la mañana, cuando la temperatura era bastante menor a los diez grados promedio de la jornada, los dos hombres de la Brigada de Explosivos del Cuerpo de Bomberos de la Policía Federal subieron por el ascensor del hall de ingreso de Hipólito Yrigoyen 250 hasta el quinto piso. Como en un aburrido paso de comedia, al abrirse la puerta los esperaba el mayordomo, dispuesto a hacer de cicerone en una recorrida que los tres conocían de memoria.

Miguel Lezcano es morocho y macizo, y lleva 33 años viendo pasar ministros de Economía en esas cumbres del poder donde todos sueñan quedarse para siempre. Cuando la rutina guía los pasos, el valor de lo extraordinario se multiplica; las personas miran sin mirar, sobrevuelan la escena hasta que, de golpe, un animal les salta encima.

Las visitas matinales de la Brigada son de rutina y se realizan todos los días desde 1978, cuando el ex ministro José Alfredo Martínez de Hoz temía que le pusieran una bomba.

Ninguno de los tres va a olvidarse jamás de la mañana del 5 de junio: aún hoy el recuerdo les aparece durante el sueño, en medio de una conversación, durante un viaje en colectivo.

El mayordomo y los policías comenzaron su recorrido desde la recepción hacia la oficina privada de Felisa Miceli, a la que se accede luego de pasar por la de Mariela Pía Santarelli Goñi, su secretaria (ver croquis adjunto). El sitio parece un juego de cajas chinas: un despacho deriva a otro, más privado aún, y decorado con gusto más atento; del despacho privado de unos cuarenta metros a una especie de living, más íntimo, con un baño al que sólo accede Felisa o, claro, personas de su íntima confianza.

Cuando los policías revisaron el lavabo con automático desdén, dieron con una bolsa de plástico que a lo lejos adivinaron pesada: estaba llena de billetes. De haber sido máquinas, éste hubiera sido el momento en el que la pantalla comenzaba a titilar. Pero eran personas, e hicieron un largo y pesado silencio.

En el baño de Felisa Miceli, por accidente, la Policía acababa de descubrir una bolsa de plástico con 250 mil dólares. Para ser exactos: con 140.000 dólares, 50.000 euros y 100.000 pesos, o sea, un total exacto de 241.000 dólares.

Doscientos treinta y nueve mil seiscientos treinta y un dólares americanos. Los subordinados del comisario Arturo Martínez sugirieron labrar un acta, como en efecto sucedió. El acta luego “desapareció” de la Brigada. La secretaria de Felisa llamó de inmediato a otra de sus secretarias (que, como el living, es “más íntima”) y desde el teléfono Mariela ordenó casi a los gritos y con prepotencia que no debía quedar rastro alguno del hallazgo. El cono de silencio sobre el hecho pudo mantenerse con relativo éxito: el arquitecto Rubén Pierro, director técnico operativo del Ministerio, jefe del mayordomo Lezcano y responsable de una caja chica realmente bastante grande, estuvo al poco tiempo al tanto de todos los detalles, especialmente preocupado por la existencia de copias administrativas del acta policial. Los miembros de la custodia de la ministra, que ocupan una oficina dentro del edificio de Hipólito Yrigoyen, también llegaron a enterarse de los detalles del hecho, que fue confirmado a PERFIL por dos fuentes directas. La preocupación de Pierro por las copias no es menor: es la vía más rápida para la extorsión. ¿Se podrá realmente garantizar que no existieron? Cuántas fotocopiadoras dispuestas a dejar constancia hay entre el trayecto del Ministerio de Economía y la Brigada de Explosivos?

¿YO, SEÑOR? PUES ENTONCES ¿QUIEN LO TIENE?

 

No hay nada peor que una grieta en un secreto garantizado. Cuando el agua empieza a filtrarse la desesperación es tal que el secreto se torna evidente. El miércoles 20 al mediodía, PERFIL ubicó al ordenanza Miguel Lezcano, quien ingresó en la administración pública en tiempos de José Ber Gelbard. Llevaba uniforme azul, un handy en la cintura y un pin que dice “Ministerio de Economía”.

Pasa la mayor parte del día en la cocina del quinto piso. Pero le alcanza para enterarse de todo, y aquella mañana del 5 de junio fue testigo directo de la apertura de la bolsa.

PERFIL: Buenas tardes, quería hablar con usted en privado…

LEZCANO: No, no. Hablemos acá, dale. No hay problema.

P: Mire que es un tema delicado.

L: (sonriendo): Dale, dale.

P: Sabemos que el martes 5 a la mañana una brigada de Bomberos encontró en el despacho de la ministra una bolsa con 250.000 dólares.

La actitud de Lezcano cambió en un segundo, dio dos pasos atrás y se ubicó detrás de unos molinetes.

Extendió los brazos y alcanzó a mirar de reojo a las seis recepcionistas que atienden en el hall.

L (gritando): ¡Nooo! Vos no entendés. Yo trabajo acá hace 33 años. ¡Soy discapacitado (volvió a mirar a las recepcionistas). Soy ciego, sordo y mudo!

P: Pero, Lezcano, sólo queremos saber…

L: No, no. No entendés. Gracias, gracias, me voy. Me voy.

Y se fue. Nunca más volvió a atender los llamados de PERFIL.

Pocos minutos antes del incidente con Lezcano, PERFIL intentó comunicarse con el director operativo, arquitecto Pierro, que devolvió nuestra llamada combinando una cita en su oficina. Diez minutos después, Pierro llamó cancelando el encuentro

ARQUITECTO PIERRO: Disculpame, pero es imposible. Estoy ocupado.

PERFIL: Es sólo un momento, pocos minutos.

AP: No…además, ¿cómo llegaron hasta mí? ¿Cómo saben...?

P: Bueno, tenemos fuentes...

AP: No puedo, no puedo.

P: Tal vez mañana, en otro momento. Podemos hablar por teléfono, pero no creo que sea lo mejor…

AP: Por teléfono, no.

P: Quizá lo mejor sea que nos veamos afuera del Ministerio…

AP: Bueno, eso puede ser. Mañana lo llamo.

El llamado, obviamente, nunca se produjo y luego de varios cruces el arquitecto Pierro dijo, a través de su secretaria, que: “No conoce ninguna información al respecto”.

El sábado a las 8.30 de la mañana llamé al vocero de Miceli, Silvio Robles:

—¿Qué? –me contestó.

—Que había un bolso con 239.631 dólares.

—No…,mirá, yo no sé nada. A mí no me cuentan todo, ¿entendés? Hay cosas de las que ni me entero. Dejame llamarla… en un rato. Y te llamo.

A la hora del cierre de esta edición, el vocero Robles no se había comunicado con ninguno de mis teléfonos, con los que, por supuesto, cuenta.

Decidí irme a dormir.

 

 

INVESTIGACION: J L / LUCIANA GEUNA.

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