El timbre

Por Nuria Barbosa León

 

El amanecer se inicia con un timbre de reloj, el aseo rápido, el desayuno sin concluir, el uniforme puesto con la urgencia del primer día, y la carrera rápida hacia la escuela.

 

Es el inicio del curso escolar en toda Cuba y la calle vibra con un mar de uniformados reunidos en las cercanías de los centros docentes. Allí todo es una fiesta de relatos, encuentros, sorpresas, dudas, retos y cambios para cada persona.

 

El segundo timbre de la mañana es el conocido por todos y que da entrada a la escuela, la actividad matutina del primer día es diferente porque se da la bienvenida al nuevo año lectivo, se presenta el claustro de profesores, se orientan las actividades de la jornada y se explica el horario a seguir.

 

Cada cual a su aula y allí están los libros de textos, los cuadernos y lápices que deben ser forrados y cuidados para ser utilizados en próximos cursos. También está el mobiliario escolar, el televisor y el vídeo que forman parte de los implementos del profesor sin olvidar la pizarra.

 

En el recibimiento el maestro se acompaña del joven que se prepara como docente y que a su vez formará parte del claustro en cada escuela, se hacen las presentaciones y se explica todo lo que tiene que ver con el orden y la disciplina.

 

El día transcurre entre el cansancio vacacional, el sueño interrumpido temprano en la mañana, el diálogo por el encuentro, la familiaridad por lo conocido y la incertidumbre por lo que ocurrirá. Para cada educando es importante cursar otro año más para cumplir una meta fijada en su vida, graduarse y ser un profesional importante y de prestigio.

 

Nadie calcula en términos económicos cuanto cuesta la escuela y el costo individual de cada alumno en un aula, los libros no tienen precio y el salario del maestro está garantizado una vez al mes.

 

Tengamos siempre presentes las palabras del Ministro de Educación,  Luis Ignacio Gómez, cuando afirmó que más de 3 300 000 alumnos asistirá a las 13 700 escuelas con que cuenta el país y que serán atendidos por 175 000 docentes graduados y 32 000 estudiantes de las escuelas pedagógicas.

 

¿Cuánto esfuerzo y sacrificio del estado para que no haya un rincón de la Isla con escuela cerrada?, ¿se ha preguntado quién o quienes están detrás de las aulas para que el sistema educacional funcione?, ¿cuanto se invirtió o cuanto del presupuesto se destina para educación?

 

Lo importante es que cuando suene ese primer timbre de la mañana cada niño y joven cubano tenga una tarea que realizar y un sueño que cumplir, y que sus conocimientos sean la materia prima imprescindible para ser cultos y libres.

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